En casa de Marina: chica de quince años, rubia, con un carácter dinámico, aquel 21 de marzo...
Me levanté de muy buen humor esa mañana, algo no demasiado habitual en mí. Tal y como dice mi madre, por las mañanas nadie me aguanta. Y la razón por la cual me levanté con esa alegría era porque ese día era 21 de marzo. Empezaba la primavera. Estaba aún en la cama, cuando empecé a pensar en todas las flores, el sol intenso y potente, los colores vivos, el calor...
Tenia la falda nueva roja, la camiseta blanca que hacía conjunto con la chaqueta nueva también, en la mesa; todo preparado.
“¡Hoy va a ser mi día de suerte!” pensé. Pero me equivoqué.
Subí las persianas y la sonrisa se me borró de la cara. Llovía. Dije por dentro un insulto y me volví a meter en la cama. Mi madre entró en la habitación.
-Vamos Marina, levántate.
-No quiero-manifesté yo, ahora sí, como todas las mañanas normales.
-Llegarás tarde-dijo la madre con una serenidad impresionante. Después se fue de la habitación.
Me levanté y abrí el armario. Me tuve que poner los tejanos viejos, el jersey que me regalaron por Navidad y el anorak de hacía un año. Me acordé que tenía que imprimir el trabajo de inglés. Puse la impresora en marcha, y abrí la mochila para sacar el pendrive pero no estaba, busqué por la habitación; tampoco estaba. Miré el reloj. Las 8:30. Faltaban quince minutos para estar en la parada del bus. Me empecé a poner nerviosa. Llegaría tarde si no me espabilaba. Por fin, lo encontré, estaba debajo de unas hojas donde yo hacía mis obras artísticas. Era una adicta al dibujo, y me pasaba el dia esbozando.
Pude imprimir el trabajo, pero sin desayunar. La parada del bus estaba a cinco minutos de casa, y faltaban siete minutos para que el bus llegase. Me puse el trabajo en la mochila y me puse las Converse con prisa.
Dijo un adíos muy rápido y me fui corriendo, ¡llegué por los pelos!
Me pasé el camino hacia el centro escuchando 11 de marzo, de la Oreja de Van Gogh.
En el insituto, primera hora de la mañana, aquel 21 de marzo...
Me concentré para el examen. Había estudiado mucho, así que tenía que salir bien. Pero ocurrió todo lo contrario, me quedé en blanco e hice un examen lamentable. Miré por la ventana, seguía lloviendo. Levantándome para ir al baño, tropecé y caí delante del chico que me gustaba.
-Vaya día que llevo- dije muy irritada i con la cara muy roja, inmoderado.
A la hora del almuerzo me senté en un banco, seguía lloviendo pero me daba igual. Empecé allorar. Sentí que alguien estava a mi lado, después
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